Dos poemas: Consumidor Final y Argentino

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Diario La Nación, domingo 6 de abril de 2003.

Poesía para una ciudad desnuda

Consumidor Final, por Pedro Mairal, bajo la luna, 86 páginas ($10).

por Ivonne Bordelois

Aquí tenemos un libro nacido de su propia necesidad, que no sigue modas ni baja línea, que no pretende deslumbrar y viene directamente del corazón. Por eso será que alcanza al corazón del lector directamente, como un suave balazo inexorable que nos descuaja del mundo de prosa sofocante en que vivimos y nos devuelve al mundo donde se respira, el de la poesía, el verdadero y único primer mundo. Sacudidos como estamos por una guerra inicua y por las deplorables vicisitudes que recorre nuestro país, este libro propone un espacio de calma. Pero ante todo no se comprenda que se trata de consuelos: Mairal se autodefine como poeta de ascensor, alguien que quiso escribir poemas cosmogónicos y ahora siente que hasta la palabra noche le está prohibida: “yo me refiero a este apagón del verbo”, “¿cómo es un poema en un departamento a oscuras?”, dice en un poema extraordinario, “La fauna embalsamada”, que contiene su propia poética.

Aquí la ciudad no es un problema de estética positiva como en Borges o negativa como en Storni, no es el objeto pintoresco, humorístico y querible de Fernández Moreno, no es la acechanza contra el hombre romántico como en Neruda ni la evocación tanguera de Gelman. Aquí la ciudad se desenmascara, muestra su garra despiadada, su condición vampírica, la degradación de su belleza y su economía feroz, pero todo está dicho en una suerte de estoica sordina, desde un sereno y austero medirse con la iniquidad que no omite llamarla por su nombre. La ciudad de Mairal es una formidable hecatombe de injusticia, una cárcel donde la memoria animal de nuestro cuerpo y el resplandor de lenguajes desaparecidos agoniza. Pero Mairal resiste esta intemperie con una sonrisa humilde e irónica, rescata el ajetreado durazno hasta su flor, contempla la mariposa y la detiene con pincelada inolvidable: “Un latido posado sobre el pasto/ las alas encendidas en el aire / en torno a la humildad de las gallinas / arriba en el verano / abajo en la extensión de la culebra / la brasa de sus solamente alas / circunda las camisas.” No intenta desafíos ni denuncias: enuncia, expone, muestra la herida irreversible, las ignominias de la indignidad humana. Tampoco se nos muestra omnipotente o justificado: nos confía el malestar del hombre cuya mujer espera un hijo, los bloqueos que amenazan su escritura, la distancia que lo separa del jubilado o el accidentado, la incertidumbre del amor. Su experiencia forma parte de la miseria de la ciudad, está plasmada por ella, pero también propone estrategias de supervivencia: su manera de mirar a los árboles, de acunar al que viene con el cósmico aletear de las ballenas. Un pudor que nunca condesciende al sentimentalismo (“¿De qué profunda luz llega tu voz/ que cruza así / la noche?”), una recatada fuerza interior, sin retóricas ni alardes, impera en estas páginas, que se internan en lo más sórdido y trivial de nuestra rutina contemporánea sin intentar transfigurarla, pero nos dejan misteriosamente hondos y nuevos después de su lectura.

Este es un libro que se mueve y sin embargo se está quieto; es tenue pero no impreciso, intenso y sin embargo suave. No apela a la homosexualidad ni a la heterosexualidad, no reedita perimidos clasicismos ni anticipa los desgarros del futuro, no es obsceno ni místico, no invoca políticas correctas o incorrectas, no deconstruye ni intertextualiza, no lunfardiza ni blasfema. No propone acertijos ni se supone sabio; no contiene ilustres citas implícitas. Sus arquetipos no son las últimas teorías literarias sin el jubilado que se desploma, el suicidado en su balcón, la mujer que se ve obligada a trocar aguas vivas por aguas muertas. Mairal llora pero canta bajito; de sus lágrimas sube una luz y de su canto arranca un pájaro

Y no es un libro más: aquí sí, por fin, llega un poeta. Digamos gracias.

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Diario de Poesía N°67, abril de 2004, pág. 38

Consumidor Final

Pedro Mairal
Bajo la luna, Buenos Aires, 2003

por Jaime Arrambide

El joven y multipremiado Pedro Mairal nos acerca un libro de rara calidad, en el que la absoluta contemporaneidad de sus ingredientes no es óbice para el cuidado formal de su receta. El libro consta de dos poemarios -“Todos los días” (1997-1999) y “Consumidor final” (2000-2002), que da título al volumen- integrados por una casi cuarentena de poemas de extensión variada. Ya desde su título, Consumidor final se propone como una reflexión sobre ese desafortunado estatuto del hombre: el de ser último eslabón de la cadena alimenticia, mangosta del orbe, etc. El índice da cuenta de ese sesgo contemporáneo que sin embargo logra escapar con gran habilidad del facilismo coloquialista, mientras que la domesticidad no es ni agobiante ni está viciada. El paisaje es urbano, pululante; la realidad, hostil, pero enigmática. Y es justamente en el enigma del azar que podemos interrogarnos con holgura, abriéndonos paso entre esa miríada de packaging y marcas registradas, “De mi bata celeste está tan lejos/ el hombre atropellado./ Cruzaba una avenida en medio de su historia/ y un auto lo sacó del sábado en el mundo./ ¿Por qué fue tan difícil para él la otra vereda?” Y en esa realidad hostil, el último eslabón de la cadena paga, eventualmente. Y en Mairal hay cierta dignidad en el gesto de pagar, un asentimiento de que si bien el hombre es el causante de los males del mundo, en definitiva también es quien los paga. Y quizás esto sea algo que agradecerle a Mairal: el alinearse con el resurgimiento de una poesía de la causalidad, en la que los actos -los versos-, tienen consecuencias: Argentino, naciste haciendo cola/ naciste tributario y deducido / por próceres fantasmas de billetes, / naciste intransferible, mortal y semejante, / un fiel contribuyente del Estado, / el banco reguló tu corazón/ y administró tu sangre y tus latidos (…)

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Consumidor final
de Pedro Mairal
Buenos Aires, Bajo la luna nueva
Después de un “paréntesis narrativo” durante el que no le fue para nada mal -en 1998 ganó el Premio Clarín de Novela por Una noche con Sabrina Love, y en 2001 publicó el libro de cuentos Hoy temprano-, Pedro Mairal vuelve a su primer amor, la poesía. Si Dashiell Hammett tiene razón cuando afirma que la claridad es uno de los logros más altos a los que puede aspirar un escritor, estamos en condiciones de afirmar que Mairal es un escritor con todas las letras. Y la sencillez de su diáfano estilo no va en desmedro de la garra poética, sino todo lo contrario: su voz certera y delicada y viril le sirve para llegar al corazón del lector y detenerse allí y desgarrarlo / engrandecerlo a gusto. Cada episodio cotidiano que se desparrama en las páginas de Consumidor final se ve trascendido por la mirada del poeta. El aprovechamiento del espacio de la página es inmejorable, y los sutiles encabalgamientos le permiten a Pedro desplegar toda su música, que nos va envolviendo página a página. Amantes desahuciados, estudiantes de latín y bellas artes, comensales y viejitos en bici van calentándonos el alma con un tono narrativo y confesional: el lenguaje de todos los días condensado a presión, exprimido, llevado más allá por el talento de Mairal. Atención, lectores imberbes: Consumidor final es un libro de poemas que puede introducir en la poesía a quienes todavía no descubrieron el arte de leer poesía. A no perdérselo.
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“La poesía para mí es una máscara antigás”
Por Eva Rodríguez
Consumidor Final, el último libro de Pedro Mairal, se convirtió, quizás sin buscarlo, en una crónica del derrumbe argentino. Incluso ,uno de sus poemas, Argentino, publicado tiempo atrás por este suplemento, se transformó en una suerte de proclama que se podía ver adherida a las vidrieras de varias oficinas y comercios del microcentro. Mairal utiliza a la poesía como termómetro de la realidad, una realidad que muchas veces supera y hasta invade el terreno de la ficción. Con un estilo compacto y sin demagogias ni bajadas de línea, hace alusión a una argentinidad construida en torno al consumo. Sus personajes, ahorristas, jubilados, estudiantes, habitan desoladas geografías trazadas por góndolas de supermercados y códigos de barra.
-Junto a otros escritores de tu generación sos identificado por la crítica como parte de una nueva camada de autores. ¿Se puede hablar de una nueva narrativa argentina que, a partir de los sucesos de diciembre, busca recuperar un “discurso colectivo”?
-No creo mucho en la autenticidad de los discursos colectivos. Si hay algo atractivo actualmente en la forma en que los autores, sobre todo poetas, están hablando sobre la crisis, es la forma individual y personal en que lo hacen. Y esto viene ocurriendo desde bastante antes del 20 de diciembre. Pienso en poetas como Martín Rodríguez, Rodolfo Edwards, Santiago Vega, Martín Gambarotta, Santiago Llach. No pretendo nivelarme con ellos, porque son más poetas que yo. Lo que digo es que hay una poesía mucho más despierta y conectada de lo que se cree. Más vinculada que los medios o la narrativa con lo que está pasando.
-Te hiciste conocido a través de la novela también incursionaste en el cuento. ¿Porqué a la hora de reflexionar sobre el abismo que nos plantea la crisis, elegis a la poesía?
-La actualidad está tan violenta, hay tal aceleración y superposición de historias y tragedias personales, que las historias de la narrativa no le pueden seguir el paso. La poesía en cambio tiene mayor agilidad, se mueve no con los pasos de la lógica y de las tramas, sino con relámpagos de intuición, con una mirada más corrosiva que ve a través de la “supuesta realidad”. Vivimos en un surrealismo violento que sólo la poesía puede digerir.
-Tanto tu ingreso al mundillo de la literatura como la carrera que a partir de ahí iniciaste han sido sumamente vertiginosas. ¿Cómo viviste esto?
-Si bien el vértigo no fue para tanto, a mí me costó recuperar el silencio mental necesario para escribir. Ese silencio que se comparte con el lector. Pero el hecho de moverme en distintos géneros me permitió esquivar esas exigencias de “joven promesa”. Yo no le prometí nada a nadie. La poesía para mí es una máscara antigás con la cual atravieso los gases tóxicos del “mundo cultural”.
-Suele decirse que la de la literatura y el cine no es una relación del todo feliz. Personalmente, ¿qué opinión te merece la versión cinematográfica de Una Noche con Sabrina Love?
-Poniendo todo en la balanza, me alegra que hayan hecho la película porque fue para mí una experiencia interesante y porque sirvió para despertar interés por el libro en otros países. Digamos que tengo el privilegio de ser uno de esos autores disconformes con la adaptación cinematográfica de su libro.
-A partir del Premio Clarín y su repercusión en las ventas de “Una noche con…”, ¿fue más sencillo enfrentarte a los editores para seguir publicando?
-Hasta ahora sí, porque aparecí con un solo libro de cuentos. Las editoriales aceptan los libros de cuentos siempre después de una novela. Hay que tener en cuenta que las editoriales viven de los libros de autoayuda y de uno o dos premios Nobel. Lo demás funciona a pérdida. Entonces reciben alegres una novela, vacilantes un libro de cuentos, y con horror un libro de poesía.
-Así como alguna vez se dio con el “boom del realismo mágico” hoy, varios autores argentinos, entre los que te contás, son traducidos a varios idiomas. ¿Cómo explicás estas “ansias” de literatura argentina en el exterior?
-Nunca los argentinos estuvimos tan al margen como ahora, somos fatalmente marginales. Eso nos da un ángulo de visión distinto y por lo visto al primer mundo le interesa el cambio de perspectiva.
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Columna: Libros y Arte, León Crotto
Los seguidores de esta columna seguramente saben quién es Pedro Mairal. No sólo porque es uno de los escritores argentinos vivos más talentosos y conocidos, sino también porque hemos hablado en este espacio de su libro de poemas Tigre como los pájaros, que recibió una mención en el Premio Fortabat y que publicó en 1996 (Ed. Botella al mar), de su novela Una noche con Sabrina Love, ganadora de la edición de 1998 del Premio Clarín de novela (con un jurado realmente impresionante: Bioy Casares, Cabrera Infante y Roa Bastos) y luego llevada al cine, y de su libro de cuentos Hoy temprano (2001).
A quien haya gustado de su imaginación desbordante, de su justeza semántica y sintáctica, de su humor y de su inteligencia, seguramente alegrará saber que ha publicado en estos días un nuevo libro de poemas: Consumidor final (Ed. bajo la luna nueva).
El libro, dividido en dos partes de 19 y 18 poemas intituladas “Todos los días” y “Consumidor final” respectivamente, retoma elementos celebratorios de Tigre como los pájaros, como en los poemas “La mariposa”, “Celos clásicos”, “El dios de los mamíferos” y otros, pero aparece también una dimensión reflexiva, a veces angustiante, sobre el peso sórdido de la realidad. En la tensión entre la celebración que el acto de escribir sugiere y el choque contra algunas realidades (la decadente realidad social argentina, o la desmesura casi inhumana por mecánica y artificial de los supermercados, o el abandono de las certezas y el ímpetu adolescente-juvenil) nacen y se desenvuelven excelentes poemas como “La fuga”, “Argentino”, “Aurorita”, “Preguntas a Piazzolla”, “Hombre sentado”, “Consumidor final” y otros.
El lector encontrará humor (un rasgo no demasiado habitual en la poesía, aunque sí en la buena, y que Pedro Mairal maneja con una naturalidad asombrosa) como en estos versos de “Billete de cien”: “La mirada del prócer al contado/ hipnótica en los ceros de la cifra/ y al reverso purpúreo de su calva/ los hombres a caballo acorralados/ por flores gigantescas,/ estambres empeñados en violarles las yeguas./ Por eso blanden altas las espadas/ van a pelear desde el violeta de su sangre,/ a cortar de raíz aquellos monstruos/ bajo el cielo repúblico y rosado,/ bajo un sol de cien pesos en el yermo.//”. Aquí el humor nace de la desmesura de la imaginativa descripción; por momentos, a lo largo del libro, el humor se torna más fino, más intelectual, político, incluso bastante negro: “Argentino; naciste haciendo cola,/ (…) los planes nacionales te embargaron/ medio riñón izquierdo/ para una parrillada en el Senado/(…)”.
La inteligente utilización de los recursos rítmicos (generalmente utiliza versos de 11 y 7 sílabas, aunque nunca de manera monótona o pesada), el delirio imaginativo (siempre funcional a que el poema diga mejor lo que tiene que decir, no caprichoso), los juegos de diversa índole (de palabras como en “Aguas vivas”, o de posibilidades de lectura, como en “Escaleras”, que puede leerse de arriba abajo y de abajo a arriba), y sobre todo el sutil entramado de significaciones múltiples y exactas, son algunos de los méritos de este extraordinario libro. Veamos un ejemplo:
CUANDO LA LENGUA ECLIPSA

Cuando la lengua eclipsa este presente,
cuando cubre las cosas
con un color grisáceo y nominal,
hay un ácido al fondo de la experiencia fresca,
porque es aquí y ahora pero en el verbo rancio,
en la estructura fúnebre del habla.
La fronda del verano, el aire inédito
atraviesan el viejo pulmón occidental.
La vida inaugurada,
el sol contemporáneo vistos siempre
con el anteojo fijo, mortal, judeocristiano;
o el transcurrir adánico, las moscas,
todo cautivo en este latín erosionado.
El colibrí veloz entorpecido
por este carromato colonial
que rueda lentamente en sus vocales,
esta siesta sintáctica en el polvo del aire castellano.
El cansancio de la filología
espanta la inocencia de esta luz,
agrava los objetos, va imponiendo
la herencia de las manos sobre el tacto,
el andamiaje helénico a los vientos,
fuerza a la sangre a andar en su adjetivo,
a la noche a estrellarse acordemente
con su cosmogonía.
Cayendo como un párpado, el imperio
cae en la voz, ahora, mientras digo
la arena de la piedra de mi nombre.
(de Consumidor final)
Entrevista
Pedro Mairal Escritor
La crítica social y el análisis del presente están muy presentes en mi último libro por lo potente que se presenta en el día día.
Muchas veces logro transformar la indignación en algún escrito, generalmente, me es más fácil hacerlo poesía que en narrativa. Para mí la poesía tiene más estómago para digerir la actualidad que la narrativa.
A mí no me gusta definirme, escribo tanto narrativa como poesía. Me parece que en este libro se me mete un poco lo narrativo y en el mejor de los casos se me mete en la narrativa la poesía. Muchas veces la gente reclama una definición, no acepta este tipo de ambigüedad.Estoy escribiendo narrativa pero siempre con el peso de tener que sacar una novela. Me molesta la sobrevaloración de la novela, todo tiene que tender a ella.Estuve escribiendo también dos guiones cinematográficos.